SERRANO EL CINICO, FEIJÓO EL CAPO. AYUSO LA LOCA, ALMEIDA EL CARA POLLA, TELLADO LA MALA EDUCACIÓN
AYUSO ENLOQUECIDA, TODOS PRIETAS LAS FILAS EN DOMINGO A LA MANI.
Hace casi 20 años que José María Aznar protagonizó el archiconocido momento de “quién te ha dicho que quiero que conduzcas por mí”. Una ida de olla de proporciones siderales para criticar las campañas contra el consumo de alcohol al volante de la Dirección General de Tráfico (DGT). Recupero las palabras literales: “No puede ir a más de tanta velocidad, no puede comer hamburguesas de tanto y además se le prohíbe beber vino; déjeme que decida por mí, que en eso consiste la libertad”.
Esta semana he comprobado que el argumentario del PP no ha cambiado en una coma en dos décadas, pese a que desde entonces ha dado mucho tiempo a investigar lo lesivo que es el alcohol para la salud. También el "consumo moderado" que siguen utilizando como reclamo las marcas.
“Pues sí, nos gustan. Sí que somos callejeros. Somos de Madrid, nos gustan las terrazas, la alegría, la cervecilla, el vino. ¿Qué pasa?”, dijo la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, en el primer acto de precampaña –¿ya?– de los conservadores en la capital. Me imagino la cara de su directora general de Salud Pública en pleno domingo tórrido de mayo escuchando aquello de que se “estigmatiza a las cañitas”.
Da igual lo que diga la evidencia médica, cualquier plan antidroga, hasta su propia web de la Comunidad de Madrid. Si Ayuso construyó su campaña electoral sobre las terrazas, las cañas y las tapas, ¿cómo va a renunciar ahora a una bandera que le ha dado tantos votos? Primero se subió al carro de la “libertad”; después, a la “libertad para tomarse una caña”.
20 sociedades médicas precisamente lanzaron un manifiesto en mayo para advertir que no existe ningún consumo beneficioso o seguro para la salud. “El alcohol es la segunda causa prevenible de mortalidad y se asocia a más de 200 enfermedades y problemas de salud, como la hepatopatía crónica por alcohol y otras cardiacas o vasculares (hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca, ictus, cirrosis, fibrilación auricular), además de siete tipos de cáncer”, recuerdan los médicos. Causa adicción, psicopatologías, lesiones (personales y a terceras personas) y problemas sociales; y, además, en el 28 % de los accidentes de tráfico mortales, el conductor había dado positivo en alcohol.
Los cambios respecto al alcohol no van a ocurrir de un día para otro en un mundo alcoholcéntrico, pero quizá lo mínimo es pedir a las instituciones que trasladen un mensaje que no incite al consumo, que sea coherente con lo que ya sí sabemos, que proteja la salud pública y, sobre todo, que no cuestione todo esto en nombre de la libertad. ¿Qué tal un: “cuanto menos alcohol, mejor”?
Por cierto, la cantidad de personas que bebe alcohol todos los días en la Comunidad de Madrid se ha duplicado en dos años.
POR CIERTO LAS CIFRAS DE MUERTOS POR ACCIDENTES CON EL ALCPHOL DE POR MEDIO SE DUPLICAN.


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