El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está furioso por el rápido descenso de las reservas de misiles de largo alcance en manos del ejército estadounidense y las consecuencias que eso puede tener para el desarrollo de la guerra en Irán, según varios medios estadounidenses.
El líder estadounidense pidió explicaciones al secretario de Defensa, Pete Hegseth, la semana pasada. Tras una insólita televisada reunión del gabinete en Camp David, Trump afeó a Hegseth la escasez del arsenal de misiles de largo alcance, algo que está condicionando las operaciones en Irán, según adelantó The Washington Post. El republicano le reprochó que el tema aún no estaba resuelto, a pesar de que hacía meses que ordenó solucionarlo.
Trump fue advertido del riesgo de una incursión militar en Irán, según cuentan en el libro Cambio de régimen, dentro de la presidencia imperial de Donald Trump, los periodistas de The New York Times, Margaret Haberman y Jonathan Swan. El director de la CIA, John Ratcliffe, dijo que los argumentos que le dieron para atacar Teherán “eran una farsa”. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, J. D. Vance, también expresaron sus objeciones. El general del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, avisó a Trump de que no contaba con suficientes reservas para mantener un conflicto prolongado. Pero el antiguo promotor inmobiliario neoyorquino dijo “que tenía buen presentimiento” tras el éxito de la operación en Venezuela.
El presidente aseguró que los ataques contra Irán iban a durar apenas cuatro o cinco semanas, pero se han sucedido los meses sin avances significativos. Está atrapado en una guerra de la que no es capaz de salir a tres meses de unas elecciones de medio mandato que definirán los límites de su poder y el alcance de su legado. “Si no ganamos en noviembre”, dijo el jueves en una entrevista a Punchbowl News, “seré el último presidente republicano en Estados Unidos”.
SON COMO DE GILA PERO SIN GRACIA






