HABITANTES DEL CAMPO DE PLENO DERECHO, LAS OVEJAS Y SUS CAGARRUTAS.
viajarparacontarlo.com
lunes, 23 de febrero de 2026
EN EL CAMPO NO SE VIVE DEL AIRE
HABITANTES DEL CAMPO DE PLENO DERECHO, LAS OVEJAS Y SUS CAGARRUTAS.
LAS DENUNCIAS CONTRA POLICIAS A TRAVES DE LA POLICIA FRACASAN
EL EXDAO DE LA POLICIA TIENE MÁS DENUNCIAS BLOQUEADAS POR LA PROPIA POLICIA.
El abogado de la víctima del DAO asegura haber recibido otra acusación contra el exdirector y dos más contra la cúpula policial
En sendas entrevistas en La Hora de La 1 y en Aragón TV, Piedrafita ha señalado que la cuarta comunicación recibida apunta de nuevo contra el ex DAO. "Lo llamativo ha sido hoy, que me llama una segunda víctima del DAO. Es lo que me afirmaba mi cliente; con una encerrona tan bien engrasada y ejecutada, ella no era la única", ha afirmado en la televisión autonómica. Estas nuevas acusaciones, según ha detallado Piedrafita a RTVE, relatan "situaciones terribles, de acosos laborales" e incluso "agresiones sexuales", relatando que muchos de estos hechos habrían sido denunciados a través del protocolo interno, "pero eso no ha funcionado".
HACE 45 AÑOS: LA INCOGNITA DEL REY EN EL GOLPE
EL REY A LA UNA TREINTA DE LA MADRUGADA.
23F: el imprudente “rey salvador”
Es cierto lo que mantiene la versión oficial al afirmar que el rey nos salvó del golpe militar. Que, si él hubiera querido, hubiera triunfado. Sin embargo, no falta quien opina que también es cierto lo contrario: si el rey no hubiera conspirado contra el presidente; si no hubiera expresado una y otra vez su deseo de deshacerse de Suárez; si no hubiera apoyado una solución difícilmente constitucional, como era la llamada «Operación Armada», el golpe de Tejero, muy probablemente, no se hubiera producido
Entre esa documentación figura el télex que el rey Juan Carlos I envió al teniente general Milans del Bosch a las 2:30 de la madrugada para poner fin al movimiento golpista a esa hora de la noche. El texto dice así:
“Confirmando conversación telefónica que acabamos de tener, te hago saber con toda claridad lo siguiente: 1.-Afirmo mi rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás”.
La opinión que del monarca tenían los presidentes del Gobierno, eran claras y explícitas. El franquista Carlos Arias Navarro, que lo acompañó en sus primeros meses de reinado, no se recataba en decir que lo mejor era no someterle nada a su consideración, pues, a su juicio, Juan Carlos carecía de criterio: «Es como un niño pequeño. No dice más que tonterías». Adolfo Suárez pretendió desde un primer momento encauzar las principales decisiones políticas, encubriendo los líos que el rey ocasionaba. Sus colaboradores más cercanos le aconsejaban «que callase ciertas decisiones ante don Juan Carlos, porque en caso contrario le obligaba a dar una respuesta que quizás no convenía al sistema democrático». José María Aznar lo pasó muy mal con él. El presidente que más lo amparó fue Felipe González.
Las «imprudencias» han sido una constante a lo largo del reinado de Juan Carlos I. ¿Cómo si no podemos entender que en la etapa más delicada de la Transición bordoneara con unos y otros cuando el país estaba al borde de un golpe militar? La reina Sofía le diría años después, a la periodista Pilar Urbano, que lo del rey con los militares fue «un juego voluntariamente ambiguo» y que «les había hecho creer que estaba con ellos». No parece la mejor explicación para exculpar la actitud del jefe del Estado en aquellos momentos.
Una buena parte de la Transición, con sus evidentes vaivenes políticos, tuvo que llevarse a cabo «protegiendo» al rey, incluso de sí mismo. Eso es lo que contaban aquellos que más cerca habían estado del monarca: los generales Alfonso Armada y Sabino Fernández Campo, las dos personas que el 23F desempeñaron papeles antagónicos (y, en determinados momentos del día, complementarios) para proteger al soberano. Aun y cuando cada uno de ellos lo interpretara a su manera. Historiadores, periodistas y escritores como Javier Cercas, no tienen reparo en decir que «el Rey se comportó de forma como mínimo imprudente» y que «su imprudencia dio alas a los partidarios del golpe».
Es cierto lo que mantiene la versión oficial al afirmar que el rey nos salvó del golpe militar. Que, si él hubiera querido, hubiera triunfado. Sin embargo, no falta quien opina que también es cierto lo contrario: si el rey no hubiera conspirado contra el presidente del Gobierno; si no hubiera expresado una y otra vez ante civiles y militares, su deseo de deshacerse de Adolfo Suárez; si no hubiera apoyado una solución difícilmente constitucional, como era la llamada «Operación Armada», el golpe de Tejero, muy probablemente, no se hubiera producido. El rey nos salvó de un golpe que él, imprudentemente, pudo haber alimentado. Esto es lo que entonces escribió Francisco Umbral: «Él nos ha salvado, él ha salvado la democracia, él se ha salvado a sí mismo».
A GUARDIOLA SU PP LA DEJA CON EL CULO AL AIRE
La dirección del PP desautoriza a Guardiola y toma el control de la negociación con Vox
El equipo de Feijóo llama al orden a la dirigente autonómica por sus bandazos comunicativos mientras el calendario electoral se complica aún más con los comicios de Castilla y León y una posible doble repetición en Extremadura y Aragón el 28 de junio
- “Hay que hacer menos ruido en los medios de comunicación y trabajar más”. Así zanjó la dirección nacional del PP la pugna pública entre la candidata del PP a repetir como presidenta de Extremadura, María Guardiola, y Vox a cuenta de la negociación para un acuerdo de investidura que evite una repetición electoral. Dicho y hecho. La dirigente autonómica, que recibió más toques en privado, ha reducido al máximo su presencia mediática tras la toma de control por parte del equipo de Alberto Núñez Feijóo
domingo, 22 de febrero de 2026
AYUSO ENTRE GURÚS.
UNO DE LOS DOS GURÚS DE AYUSO, RASPUTIN, EL OTRO ES MAR.
1º.- Lanzamiento de dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki.
2º.- Intervención en las guerras de Corea y Vietnam.
3º.- Arrojar napalm y fósforo blanco durante la Guerra de Vietnam para destruir la vegetación y atacar a personas civiles.
4º - Apoyar los golpes militares de Argentina y Chile.
5º - Guerras de Irak y Afganistán.
6º.- Cooperación en el genocidio de Gaza.
7º.- Secuestro del presidente de Venezuela.
8º.- Incitación por Donald Trump (candidato no electo) al asalto del Capitolio.
viernes, 20 de febrero de 2026
23-F EL ATRONADOR SILENCIO DEL REY JUAN CARLOS
23-F MILITARES RODEAN EL CONGRESO
23F: el atronador silencio del rey
Se presenta de nuevo como el rey salvador. Aquí ya no hay nadie que pueda contradecirlo. Ni Adolfo Suárez, ni Sabino Fernández Campo, ni tampoco el general Alfonso Armada. Quizás por eso se expresa con tanta soltura
El 23 de febrero de 1981 ha quedado marcado en el calendario de la historia como el día de la perplejidad, en el que los españoles no entendimos absolutamente nada de lo que estaba sucediendo. Un teniente coronel golpista, con mostacho de bandolero de Sierra Morena, entra a tiros en el Congreso de los Diputados dando vivas al rey, cuando se está procediendo a la votación de investidura de un nuevo presidente del Gobierno. ¿Era este el golpe anunciado? Se les comunica a los allí secuestrados que mantengan la calma hasta que se presente la autoridad militar que les explique lo que está sucediendo. Se crea el suspense en toda la nación. La gente corre a recluirse en sus casas, encienden la radio y la televisión para intentar seguir el curso incierto de los acontecimientos. Un capitán general, Jaime Milans del Bosch, emite un bando de guerra y toma Valencia, en nombre del rey. El miedo va en aumento. El golpe parece estar triunfando. Hasta aquí la primera parte de lo que comienza siendo un drama.
El segundo acto lo domina el silencio. El del rey Juan Carlos. Sorpresa y estupefacción: el monarca no se manifiesta, no dice nada a la nación. Tampoco llama a Jaime Milans del Bosch para que retire sus tropas de las calles de Valencia (no lo hará hasta la una de la madrugada, según consta en el sumario de la causa 2/81, cuando todo parece resuelto). Transcurren las horas y la anunciada autoridad militar no se presenta en el Congreso. Tejero se pone nervioso y toma como rehenes, entre otros, al presidente del Gobierno en funciones, Adolfo Suárez, y a los dirigentes más significados de los partidos de izquierda: Felipe González y Santiago Carrillo. Existe seria preocupación por sus vidas.
Todas las miradas se dirigen hacia el Palacio de la Zarzuela, residencia del rey Juan Carlos I, que no ha sido cercado por tropas militares. El soberano no se ve privado de la capacidad de movimiento, tampoco de la facultad de poder comunicarse con el exterior. Sin embargo, el rey guarda silencio. Un silencio atronador que lleva a muchos a dudar.
A la Zarzuela llaman insistentemente Francisco Laina (la persona que preside la Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios, constituido como gobierno provisional), y el general José Juste (que manda la poderosa División Acorazada Brunete, en Madrid), persona determinante para que el golpe pueda triunfar. Juste se ve incapaz de poder contener a sus hombres. Le pide al rey que se manifieste, pero el monarca mantiene el mutismo.
Tras seis horas de gran incertidumbre, finalmente, a medianoche, llega al Congreso la esperada autoridad militar, que no es otro que el general Alfonso Armada: el hombre que hasta ahora ha hablado en nombre del rey, pero que en esta ocasión se presenta “a título personal”. Aquello produce un gran desconcierto. Comprensible, si tenemos en cuenta que Armada va investido de toda su autoridad: se presenta en su coche oficial, con el banderín desplegado, vistiendo uniforme militar y acompañado de su ayudante de campo, unas atribuciones que el común de los mortales no tiene. Se dirige al Congreso de los Diputados para postularse como presidente de un nuevo gobierno de salvación nacional y ofrecer a Tejero un avión para abandonar el país. ¿Quién “a título personal” puede hacer tal cosa? Sabemos que la persona que le dio el visto bueno para hacerlo fue el secretario de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, autorizándole para que acudiera al Congreso, pero con una condición: no involucrar al jefe del Estado. Nadie duda que una iniciativa de tal calibre no se puede hacer sin el consentimiento del rey.
La negativa de Tejero a admitir un gobierno multicolor, con presencia de algún ministro socialista —aunque hubiera tres carteras en manos de militares y un general al frente—, dio al traste con la 'Operación Armada'. “Grave, muy grave, hubiera sido aquello para el país. Afortunadamente el teniente coronel Tejero no era muy sutil, no comprendió la iniciativa de Armada y se lo impidió, pero si no, yo no estoy seguro de que no hubiéramos tenido un Gobierno presidido por un militar”. Santiago Carrillo, posiblemente tuviera razón y haya sido la torpeza de Tejero la que realmente nos libró de aquel intento de golpe militar. Para desgracia del general Armada que vio como su operación, que contaba con el apoyo de políticos a su derecha y a su izquierda, se iba al traste. Y así, con el fracaso, como viene siendo habitual en estos casos, el esperado salvador pasa a convertirse en traidor, y será el propio rey Juan Carlos quien se encargue de desvincularse definitivamente de su general señalándolo como el gran felón.
Finalmente llegamos al tercer acto, cuando el golpe de Tejero fracasa. Es ahora cuando el monarca abandona su mutismo para convertirse en el defensor de la Constitución. “Señor, ha llegado el momento de aparecer en televisión y ponerse el uniforme”, le dice Sabino al rey. Los equipos de grabación de TVE están en el Palacio de la Zarzuela desde antes de las diez de la noche, aguardando a que el monarca se decida a hablar. Aquel que ha guardado silencio durante siete largas horas se sube a su caballo blanco, se cubre con su capa de armiño, pide que le den la espada y se presenta ante el pueblo español como el libertador. La imagen de Juan Carlos I como paladín de la democracia toma cuerpo a partir de entonces.
Han pasado 45 años y ahora aquel rey —a quien se le considera emérito— abandona su refugio de oro en el Golfo Pérsico para venir a España a recordarnos todo lo que el pueblo español le debe. Se presenta de nuevo como el rey salvador. Aquí ya no hay nadie que pueda contradecirlo. Ni Adolfo Suárez, ni Sabino Fernández Campo, ni tampoco el general Alfonso Armada. Quizás por eso se expresa con tanta soltura, no teniendo en cuenta que todo ha cambiado, que el periodismo es mucho más libre y no como entonces, cuando tan solo la pluma de Francisco Umbral, se atrevió a vislumbrar lo sucedido: “Él nos ha salvado, él ha salvado la democracia, él se ha salvado a sí mismo”.






