AL PP DE FEIJÓO LE VALE TODO, HASTA UN PEDRISCO. DE LA DANA SE CALLA Y SON 228 FALLECIDOS. UN PARTIDO ASÍ NO ES UN PARTIDO DE GOBIERNO
Españoles, el PP quiere que os pongáis como una hidra
Los dirigentes del PP acusan al Gobierno poco menos que de inventarse el robo de cable que causó el retraso de los trenes el fin de semana y los socialistas responden acusándoles de carroñeros
- Otra no menor del Gobierno para denunciar que el PP disfruta cuando le va mal a España. Argumentarios que circulan a más velocidad que el AVE. Este lunes, ha habido una novedad. Los diputados del PP se preguntan por qué los españoles no salen a la calle con los ojos inyectados en sangre. Quizá lo hacen porque hay convocada una manifestación en Madrid para el próximo sábado.
El PP quedó escandalizado al saber que el Gobierno había relacionado los retrasos con un sabotaje. Solo le faltó defender el buen nombre de los honrados ladrones de cobre. La culpa tenía que ser del malvado Pedro Sánchez. “Lo que estamos viendo también en las últimas horas en relación con los graves retrasos sufridos por los trenes es también un ejercicio más de desinformación, porque nos hablan de sabotaje y porque culpan a todos menos asumir cualquier tipo de responsabilidad”, dijo el lunes Borja Sémper. ¿Estaba diciendo que el Gobierno se había inventado el robo?
En los años del Gobierno de Rajoy, hubo numerosos robos de cobre, en especial en 2013 y 2014, que causaron retrasos en los servicios ferroviarios. En los cinco años hasta 2017, se produjeron 4.600 incidentes de este tipo con un más de un millón de metros de cable sustraído y unas pérdidas de casi 35 millones de euros para Adif, según una respuesta parlamentaria del Gobierno. Los robos solo comenzaron a bajar cuando se inició el descenso del precio del cobre. No es un caso típico de España. Este tipo de delincuencia es también habitual en países como Francia, Alemania o Reino Unido.
“El robo de cables le cuesta a Network Rail millones de libras cada año”, decía hace unos años el director de seguridad de la empresa ferroviaria de Gales, citado por El Español. “El coste total para la economía, teniendo en cuenta el impacto de los retrasos en el transporte de mercancías y en los pasajeros cuyos viajes se ven interrumpidos, es aún mayor”.
El PSOE respondió a la altura de las críticas recibidas, sobre todo de los adversarios que restaban importancia a la existencia de los robos. A la acusación de Alberto Núñez Feijóo –“segundo lunes con imágenes impropias de la cuarta economía del euro”–, la cuenta socialista en Twitter respondió con la recortada y le acusó de ser un “carroñero político”. Los diputados del PSOE siguieron en esa línea: “El PP huele la carroña y se lanza corriendo”.
En los aledaños del PP también circula el sentimiento de perplejidad. “Con el apagón y esto de Renfe hoy, poca bronca hay”, se lamentó Susanna Griso en Antena 3. “A nadie en el planeta se le funden los plomos como a España. Tenemos que estar orgullosos de nuestros apagones”, se quejó con sarcasmo Ana Rosa Quintana en Telecinco. Se la notaba pelín resentida. A ver si la gente se anima a cabrearse aún más y se pone fin a esta normalidad que trastorna tanto a la derecha.
Tampoco a Isabel Díaz Ayuso, disfrazada de banderona de la plaza de Colón le salió bien la jugada. Deslucido el 2 de mayo por un tiempo que no conoce ideologías, la reina del vermú quiso agarrar al vuelo la novena del fallo eléctrico y se perdió en las exageraciones propias de su ánimo trumpista para intentar, de nuevo, confrontar con Pedro Sánchez. Pero cuando toda la artillería conceptual se reduce, al igual que sus colegas Cuca Gamarra, Miguel Tellado o Borja Sémper, a gritar de forma histérica el mantra “la culpa es de Pedro Sánchez” tienen el mismo efecto que en los cines antiguos aquellos vendedores que pasaban por los pasillos recitando a voz en cuello “hay chicle, patatas fritas, bombón helado”. Ni tan siquiera supieron aprovechar el desconcierto que produjo en el Gobierno el gran apagón.
“En febrero de 1933, en el Reichstag tuvo lugar una reunión secreta, que no estaba en el orden del día, en la que los industriales alemanes —entre los que se contaban los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa y Varta— donaron ingentes cantidades a Hitler”. ¿Les suena actual, quizá les evoca la corte de multimillonarios que han cebado con montañas de dólares a Trump, el salvaje? Más adelante, el librito recuerda la entrevista del propio Hitler con el canciller austriaco Kurt Schuchnigg del 12 de febrero de 1938, justo un mes antes de la Anschluss, la invasión alemana de Austria. Hitler maltrata a Schuchnigg de manera brutal. Exacto, como Trump a Zelenski. Se cuenta después la bochornosa reunión en Múnich del dictador italiano Benito Mussolini, Adolf Hitler, el primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain, y su homólogo francés, Édouard Daladier. ¡Qué vergüenza aquella rendición de las democracias al tirano! Vuillard concluye: “Nunca se cae dos veces en el mismo abismo. Pero siempre se cae de la misma manera, con una mezcla de ridículo y de pavor”.
Casi cien años después, miren a su alrededor. Tal cual. Tomar nota que el tiempo pasa muy deprisa.

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