martes, 25 de noviembre de 2025

DE LAS TAPIAS DEL CEMENTERIO AL SUPREMO


 DEL 17 DE JULIO DE 1936 EN MELILLA, AL  20 DE NOVIEMBRE 2025 EN LA SALA SEGUNDA DEL TRIBUNAL SUPREMO

La sofisticación intelectual llegó a un grado máximo y sus cabezas pensantes fueron capaces de crear la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Tantos siglos de espadachines y espadones, de garrotazos en la arena y de fusilamientos en las tapias de las plazas de toros, llevaron al convencimiento de las sesudas derechas del país a pensar que para qué llenarse de sangre las bocamangas, para qué soltar al albero a la guardia mora o a un teniente coronel bigotudo y semianalfabeto, se sienten, coño, con el consiguiente bochorno internacional ante espectáculos tan deplorables. Mejor, mucho mejor, elegir para obtener los fines deseados a unos señores leídos y escribidos, disfrazarles con unos ropajes largos, vistosos y de autoridad, y añadirles unos manguitos cuajados de encajes, un conjunto verdaderamente chisposo. Esto de los disfraces tiene lo suyo, que los generales vestidos con uniforme de gala, un cardenal con sus arreos o un ayatolá con su turbante aparentan ser mucho más altos, más guapos y más listos. Y, por encima de todo, más poderosos.

El ejercicio de la fuerza, decíamos al comienzo. Con hacha o con sentencias. Da igual. El objetivo último, por el que empeñamos vidas, haciendas y dignidades, es demostrar que el poder es nuestro, que la justicia -quién osa discutirnos a nosotros, los jueces- y que la verdad solo será verdad si tal cosa se nos antoja. Usted, sea mozo de cuerda o fiscal general del Estado, será culpable si así se nos pone en las togas, y además, le diré por qué cuando a mí se me antoje. ¿Razonamientos? Para qué. ¿Pruebas? Las que yo quiera. ¿Testigos? De todo, menos periodistas rojos, peste a extinguir. Superman es un niñato, dios apenas nos llega al dobladillo de las togas. Y usted, simple reo, se calla.

Eligieron para el anuncio de la ejecución, que no de los argumentos, el 20-N, 50 años de la muerte del Caudillo Francisco Franco, “de brillantísima e intachable historia, que el 18 de julio de 1936 se puso al frente del Ejército y empezó la Guerra de Liberación de España”. Emotivo recuerdo para los salvadores de la patria, porque “aun sabedores del dolor que la guerra supone, no titubearon en producirlo. (...) Es lo mismo que cuando una persona necesita una operación (...) y son, precisamente, aquellos que más le aman quienes le llevan al cirujano”. Gracias, excelentísimos señores magistrados por su granito de arena -más bien el Pico Aneto entero, 3.000 metros de roca- para impedir “la terrible amenaza que pesaba sobre España de una revolución comunista”, que no otra cosa es el régimen dictatorial impuesto por Pedro Sánchez. Lo dicho, gracias, gracias, gracias. (Los entrecomillados, palabras textuales de papeles de la época). 

No habrá ser viviente y pensante en este país, todavía no abducido por las mentiras insultantes y zafias del aplaudido trío formado por la polímata Díaz Ayuso, su mentor Rodríguez y el defraudador confeso, secundados como fieles caniches por Feijóo, Tellado, Gamarra y otros politiquillos del montón, ni mencionemos a Abascal, cuidado no se escape, que no vea con sus propios ojos que el modernísimo carro de combate de la derecha viene dispuesto a aplastar, a machacar, a triturar, a todo lo que suene a izquierda o, simplemente, a decencia, como ya hicieron en los años treinta del siglo pasado con la República. Nada ni nadie quedará a salvo de su vesania. Y para demostración de cómo se las gastan los modernos vándalos, suevos y alanos, ahí tienen a Trump y su guerra contra los gobernadores demócratas, los periodistas o los universitarios en general, tipos bien respetables, incluso para el sistema, muy lejos de cualquier veleidad extremista. Esta ultraderecha no conoce límites. El mundo es nuestro, proclaman, y no hay lugar para vosotros, zurdos piojosos. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario