miércoles, 3 de septiembre de 2025

UNA PERSONA FACHA HIZO MENCIÓN AL PODER MILITAR COMO PODER


 TEJERO A TIROS EN EL CONGRESO, REPRESENTANTE DEL "PODER MILITAR" DEL QUE HABLABAN LOS FACHAS DE LA EPOCA.

En la tarde de 24 de febrero de 1981, un militar con la mano en la pistola me ofrecio un par de tiros por decir que Tejero era un miserable golpista, en un Instituto de Formación Profesional de Toledo.

El “poder militar” no ha existido nunca en los textos constitucionales españoles, pero la historia constitucional de España no se entiende sin la presencia de un “poder militar”, que se ha autoatribuido una suerte de función de vigilancia sobre el “poder civil”, que podía y solía acabar conduciendo recurrentemente a la sustitución de la vigilancia por el ejercicio real y efectivo del poder por las fuerzas armadas.

Conjurar esa función de vigilancia del sistema político con la inercia de intervenir directamente en él por parte del poder militar fue el objetivo del proyecto constitucional canovista de la Restauración de 1876. Por primera vez en la historia constitucional de la “Monarquía Española” se hacía visible un proyecto civil de dirección del Estado, que excluía la intervención del poder militar.

La operación fue formalmente exitosa, aunque materialmente no tanto, ya que, si es verdad que los golpes militares dejaron de hacer acto de presencia como instrumento del cambio de Gobierno, no lo es menos que condicionaron de forma recurrente el ejercicio del poder por parte del Gobierno Constitucional salido de las urnas. La amenaza de la vigilancia militar no desapareció nunca en la España de la Restauración. 

Tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe, reza un conocido refrán. Es lo que ocurriría en 1923. Entre la opción “parlamentaria” y la “militar” que suponía la votación del Informe Picasso sobre el “desastre de Annual”, Alfonso XIII se decantaría por la opción militar, poniendo fin con ello al sistema constitucional de la Restauración, que sería sustituido por la Segunda República.

La democracia como forma política tendría su origen en la incapacidad de la monarquía española para convertirse en una monarquía parlamentaria. La República no llegó como consecuencia de un asalto al poder, sino de la descomposición del sistema canovista. Una manifestación tan subalterna de la legitimación democrática como eran las elecciones municipales que se convocaron en 1931, fue suficiente para poner fin a la Monarquía e iniciar la experiencia republicana.

Experiencia republicana que se vería amenazada de manera casi permanente por el poder militar, que acabaría imponiéndose al poder civil con un golpe de Estado, que desembocaría en una Guerra Civil y en una dictadura militar de algo más o algo menos de cuarenta años, según como se interpreten los tres años que van de la muerte del general Franco el 20 de noviembre de 1975 a la entrada en vigor de la Constitución el 29 de diciembre de 1978.

Cualquier posible conflicto en el futuro con el poder militar no tendría su origen en un acto de los “órganos constitucionales de naturaleza política”, sino que, de haberlo, tendría su origen en las propias fuerzas armadas.

Es lo que ocurriría el 23 de febrero de 1981. Si el “poder democráticamente constituido” no estaba dispuesto a ir a un conflicto con el poder militar, este sí estaba dispuesto a hacerlo. Independientemente de la interpretación que se tenga del 23 F y de lo que todavía nos queda por saber del mismo, sí resulta indiscutible que fue un “asalto” al Congreso lo que se produjo. 

Con el fracaso de dicho intento de golpe de Estado, el “poder militar” dejaría de ser parte de nuestra historia constitucional. Sería dicho fracaso el que dio respuesta definitiva al problema que, tras la Monarquía y la Iglesia Católica, había sido el obstáculo más importante a la constitución de España como un Estado no solamente democrático, sino hasta propiamente constitucional. 

Las Fuerzas Armadas han dejado de ser una amenaza para la democracia en España. La inicial fragilidad del poder democráticamente constituido en 1978 fue, ciertamente, un incentivo para el intento del golpe de Estado. Pero se acabó convirtiendo en la “trampa” en la que quedó atrapado el poder militar de manera definitiva.

LA OFERTA DE PEGARME DOS TIROS, CON LA MANO EN LA PISTOLA, FUE DE UN CAPITAN QUE DABA GIMNASIA EN EL INSTITUTO, NO FUI EL PRIMERO EN RECIBIR LA OFERTA, SEGÚN ME DIJERON. ASÍ ESTABAN LOS ANIMOS EN ESOS AÑOS, 1981

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