jueves, 26 de septiembre de 2024

DÓNDE ESTÁ LA ELEGANCIA DE JUAN CARLOS DE BORBÓN

 

 

JUAN CARLOS CLAVA SU MIRADA EN EL ESCOTE DE BARBARA REY O PREPERA UN BARBACOA PARA CORINA. TODO MUY BORBÓN

Cualquiera que haya visto las fotos de las barbacoas que organizaba para su amante alemana y su hijo ha tenido ya antes una impresión parecida. El señor borbón aparecía en ellas con pantalones cortos y una gorra del revés que le daban un aire de pureta disfrazado de rapero muy poco compatible con la idea de elegancia y clase que sus admiradores tienen de él.

Tanto su actitud depredadora con las mujeres como la evidente falsedad de los momentos en los que expone ante el público su matrimonio y sus afectos demuestran que lo de fingir y usarse mutuamente es algo frecuente en los ambientes en los que él se mueve. Un hombre que creció arropado por el dictador que pretendía usarlo para quitarle los derechos dinásticos a su propio padre debe tener la piel muy curtida en temas de cariño y falsedades.

Así que las fotos que conocemos por ahora no presentan al emérito en el siempre embarazoso y humillante momento del sexo, sino simplemente en un momento de cariño como el que cualquiera de nosotros puede tener en sus álbumes familiares de fotos. En su caso, sin embargo, hay algo de obsceno y cutre. Ese señor embobado con el generoso escote de la artista y en unos gestos tan vulgares y chabacanos no casa con la imagen de elegancia, dignidad e inteligencia que intentan vender del monarca.

A Juan Carlos le ponía la chavacanería de Barbara Rey, que nos sacó seiscientos millones para dejarselos en la mesa del casino. Muy propio de quien le cuesta poco ganar el dinero. Las amantes de Luis XIV de Francia se lo jugaban en las cartas los muchos francos sacados a su amante.

Nuestros medios “tradicionales” de comunicación, que se llenan la boca con su papel de cuatro poder y perros guardianes de la democracia aparecen como inofensivos perritos falderos cuando se enfrentan a la monarquía. Son incapaces de someter al jefe del Estado al más mínimo escrutinio público.

Que las fotos del rey babeando con una de tantas “amigas” hayan tenido que ser publicadas en Holanda es un síntoma de la poca salud democrática de nuestros grandes medios y del poder que mantiene la Casa Real. Un poder que usa, además, con poca inteligencia. 

La legitimidad del rey actual se vería reforzada si los excesos de su padre fueran debidamente investigados y castigados. Si los delitos de Juan Carlos y quienes lo encubren fueran juzgados, la monarquía resultaría más creíble como institución democrática. En cambio, al permitir que su comisiones millonarias, sus robos y sus amenazas a examantes queden impunes y ocultas a la opinión pública se corre el riesgo de dar a entender que Felipe VI mantiene las mismas costumbres. 

Y si es legítimo que se acueste con quien quiera, no lo es que utilice los recursos del Estado para esconderlo. Mucho menos que nos robe a todos a manos llenas. Vista la estrategia de ocultación, sólo podemos deducir que no sabemos si está pasando de nuevo. Así que la publicación de estas fotos de hace treinta años cobra actualidad con un país y una monarquía que se comportan como si no fuéramos una democracia.

JUAN CARLOS FUE DESIGNADO POR EL DICTADOR FRANCO COMO SU SUCESOR, UNA ABERRACIÓN. TUVO MODOS Y MANERAS DE REY ABSOLUTISTA, COMO ERA DE ESPERAR, NOS ROBÓ Y DEFRAUDÓ, ACUMULÓ UN PATRIMONIO DE MÁS DE 2.000 MILLONES DE EUROS, SE MARCHO DE ESPAÑA Y TIENE LA JETA DE DECIR QUE LE ESTÁN ROBANDO SU HISTORIA. ¡HACE FALTA TENERSE CREIDO LO DE SU SANGRE REAL!. A SU PADRE LO APARTÓ DE LA SUCESIÓN EN SU FAVOR.

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