ESTE SUJETO, EL CAMPECHANO INVIOLABLE POR SU SANTA VOLUNTAD SE METE EN PLEITOS COMO JUGADOR DE VENTAJA. LO QUE FALTABA
Valle Inclan dejo dicho "no hemos hechado al Borbón por Borbón lo hemos hechado por ladrón.
Resulta que quien pagaba a Barbara Rey por encamarse con ella eramos nosotros. Resulta que el cobraba las comisiones de sus gestiones, según su amiga del alma y de las sabanas blancas Corina, era él, el ahora emerito y antes Jefe del Estado por gracia del Francisco Franco el dictador. Las cifra cambian segun quien las diga pero no baja de miles de millones.
Yo ahora me aparto de quien le pagaba sus beleidades amatorias y voy directo al golpe de Estado del 23 F y, digo rotundamente el cerebro del golpe de Estado del 23F fue Juan Carlos de Borbón y Borbón.
JUAN CARLOS ERA EL PROMOTOR DEL GOLPE DEL 23F. ARMADA SU MANO SILENCIOSA Y SABINO FERNANDEZ LO CONTÓ.
Es totalmente cierto, como le decía Juan Carlos I a su amante Bárbara Rey en los audios que ella grabó y acaban de salir a la luz, que el jefe de la Casa Real Sabino Fernández Campo se iba de la lengua sobre los tejemanejes del rey de España, sus amantes, sus relaciones con la reina Sofía... y hasta, en contadas ocasiones, sobre su verdadero papel en el golpe de Estado del 23-F. Público no sólo ha podido comprobar que así fue, sino que ha obtenido el relato completo de lo que reveló en su día el escudero del monarca, llevado por su indignación ante el deleznable comportamiento del soberano, el enfado que le causaron algunos desplantes a su persona y, a veces, los efluvios de la bebida con la que se consolaba y desahogaba con algunos amigos.
Como consecuencia del largo trabajo de investigación sobre el verdadero origen de la fortuna de Juan Carlos que publicó este diario en numerosas exclusivas en 2021 y 2022, Público obtuvo los testimonios de interlocutores de Sabino con los que se sinceró y ahora recopila toda su versión sobre lo que el general Armada calló durante años de cárcel y ostracismo:
"Palabra de honor, me río, cariño, de Alfonso Armada"[1] , le dijo el rey a su querida "entre nosotros, como siempre". Y siguió, según los audios ahora filtrados: "Ese ha pasado siete años en la cárcel, se ha ido a su pazo de Galicia y el tío jamás ha dicho una palabra. ¡Jamás! En cambio, este otro está largando…", refiriéndose a Sabino.
"El año 94, y ya estando retirado de la Zarzuela, me sorprendió una llamada de Sabino invitándome a cenar en el Centro Asturiano de Madrid, del que era presidente, y dándome instrucciones de qué día y cómo debía entrar en el centro, puesto que (me dijo) lo estaban siguiendo en un Citröen con policías para saber con quién se veía", continúa su relato el viejo amigo de Sabino. "Como a él le interesaba tener una cita a solas, me dijo que me apostara en la acera de enfrente y, tras verle bajar de su coche, esperase hasta que llegara el coche de policía que le vigilaba. Y que sólo cuando se hubiera ido, entrase en el local como si yo fuera por mi cuenta".
"Efectivamente le seguían, así que tuve que esperar a que se marchase el coche de los policías para entrar a cenar con él".
"Fue en esta cena, a la que me invitó, donde me explicó que le habían tendido una trampa entre Manuel Prado [y Colón de Carvajal, testaferro y administrador de la fortuna del rey], al cual no podía ver, y Mario Conde, al que aún podía ver menos, aprovechándose de que, para animar al rey a dejar su relación con Marta Gayá, él mismo [Sabino Fernández Campo] se la había revelado a Pedro J. Ramírez. Y Pedro Jota la había publicado en El Mundo".
"El rey montó en cólera, y Prado y Conde, con Francisco Javier Sitges [2] delante, le dijeron que él había sido el confidente de Pedro Jota y, como estaban comiendo en casa de Sitges, le pidieron al entonces director de El Mundo que acudiera a tomar café para ratificar lo que ellos estaban diciendo. Éste lo hizo, El Patrón (como llamaban al rey) tomó buena nota de ello e inmediatamente empezó a preparar el relevo de Sabino, cosa que realizó al final de aquel año".
"Sabino me explicó que, como hacía cada año, en enero del 93 invitó a los reyes a cenar el día de su cumpleaños [de Juan Carlos I] por la noche, en el restaurante Horcher [otras versiones de este encuentro relatan que el restaurante de la cena fue Casa Lucio]. Cuando él llegó estaba ya allí la reina, pero no el rey, quien llegó más tarde, visiblemente enfadado, y se dirigió a la reina con un rotundo: "¿Sabes lo que nos ha hecho éste? –'éste' era Sabino–. Ha presentado su dimisión irrevocable irrenunciable y nos deja".
"Según Sabino, semejante despido fulminante, anunciado además con profundo cinismo, le pilló totalmente desprevenido, no supo reaccionar y lo admitió manteniendo un silencio sepulcral de aquiescencia".
"Pero con el paso de los días fue creciendo su indignación, y mientras su sucesión (orquestada entre Prado, Conde y Sitges) se organizaba precipitadamente, él se dedicó a hablar con las personas que habían formado parte del círculo del rey para explicarles lo que había vivido al lado de don Juan Carlos. Algo que se me antojó como una venganza en toda regla, con el objetivo de que los demás conociéramos esa cena y propagáramos los detalles que él daba sobre su relación. De hecho, los contó a bastantes personas, no sólo a mí y a otros pocos íntimos, con lo que algunos extremos acabaron conociéndose fuera del círculo de amigos del Patrón".
En cuanto a los detalles de la versión de los hechos que narraba Sabino, como los recuerda hoy para Público la mencionada fuente de toda solvencia (relato que este medio ha podido contrastar con otros conocedores de la descripción del papel del rey en el golpe del 81 divulgada por el jefe de la Casa Real en encuentros privados), fueron los siguientes:
"Según la versión de Sabino sobre el 23-F, tal como me la contó y que después ha acabado circulando de forma muy parecida (lo que demuestra que la narró a bastante gente diferente), fue el propio rey quien promovió el golpe con el objetivo de acabar con la carrera política de Suárez y la UCD. También intervino Prado, para convencer a los generales participantes, quienes aquella noche estaban incluso preparados para apoyar otro tipo de golpe más contundente. Por su parte, los estadounidenses de la embajada, a través del comandante Cortina, desviaron a los soldados profesionales que tenían que acudir al Congreso con el comandante Pardo Zancada y los reemplazaron con algunos guardias civiles al mando del coronel Tejero, al cual consideraban dispuesto a hacerlo, pero chapucero y controlable".
"Sabino me juró que él no sabía nada del golpe, cosa que a mí me pareció entonces absolutamente inverosímil, porque hasta yo sabía cosas. Como que el rey le había pedido a Armada que se reuniera con los socialistas (en este caso, Enrique Múgica [3], a pesar de que iba a ir Felipe González a la cena) y con el PCE, para plantear un Gobierno de coalición, con el objetivo de sacar definitivamente a Suárez de la presidencia, que era lo que causaba la inquietud y el malestar en los cuarteles, según sostenía don Juan Carlos en privado".
"En cualquier caso, según Sabino, al comenzar el golpe él entró en la sala donde estaba el rey, acompañado de la reina y de su hijo, y le sorprendió ver que Prado y don Juan Carlos estaban brindando con champán y comentando que todo había salido perfecto".
"Como, según su versión, él no sabía nada, les manifestó su extrañeza por la situación y cuando le explicaron la verdad, intentó desmontar el plan que se había forjado entre las capitanías generales. Sobre todo, procuró que Armada no apareciera por allí ni se le dejara acceder a la Zarzuela".
"Siempre según Sabino, recibió instrucciones de hablar con el jefe de gabinete del presidente francés, Giscard D'Estaing, y acabó contactando con el propio Giscard, quien le preguntó furioso a don Juan Carlos que cómo quería ser rey de un país en el cual se daba un golpe de Estado contra el socialismo; que el rey tenía que ser también monarca con un Gobierno socialista, y que sólo entonces se vería ratificado como rey de todos los españoles".
"Estaba claro, a mi parecer y si tenía que creer esa parte del relato de Sabino, que en toda la confusión de aquella noche Giscard pensaba que se trataba de un golpe de militares ultras contra una posible victoria electoral socialista. Eso sí me cuadraba: que la ira del presidente de Francia puso al rey ante un callejón sin salida, pero no le confesó nunca a Giscard que andaba desencaminado en sus sospechas".
"Finalmente, y viendo también el desastre al que conducía la negativa de Tejero a plegarse a las órdenes de Armada, el rey pidió a Sabino que escribiera un papel para leer frente a las cámaras de televisión en un mensaje a toda España. Pero no lo hizo hasta ya entrada la noche y cuando tuvo la seguridad de que los capitanes generales de Valencia y de Sevilla habían retirado los tanques de las calles en vista de la indisciplina de Tejero".
"Pero el papel que leyó don Juan Carlos por televisión no fue el de Sabino, sino el que escribió Prado, cosa que sublevó aún más al jefe de la Casa Real. En cualquier caso, había que acabar con el deplorable espectáculo que se estaba retransmitiendo en directo a todo el país, y el rey salió en televisión y paró el golpe de Estado. Sabino afirmaba que se hacía cruces por no haberse dado cuenta antes de la conspiración, cosa que yo no me creí".
"De lo que no cabía duda es de que estaba enfurecido por el despido con cajas destempladas que había tenido que tragarse delante de la reina, hasta el punto de que me contó exactamente qué es lo que quería obtener para quedarse tranquilo y no tener que hacer más cenas como aquella conmigo... claramente para que yo le transmitiera sus condiciones a don Juan Carlos a cambio de su silencio".
"En primer lugar, exigía que, en lugar del condado de Latores que le había otorgado el rey al despedirlo en otoño de 1993, se le concediera un marquesado. Pero al final tuvieron que añadirle la grandeza de España a su título de conde, porque era imposible justificar que don Juan Carlos cambiase de golpe el título que le había dado menos de un año antes a su principal escudero".
Este relato coincide con las conclusiones de diversos historiadores, como el propio Stanley G. Payne, quien prologó la obra El golpe del Rey de Antonio J. Candil, y de muchos periodistas de investigación, como Jesús Palacios, autor de 23-F, El Rey y su secreto, quien sostiene que Armada estuvo en todo momento a las órdenes del monarca. Al fin y al cabo, había sido su tutor y mentor como príncipe y siguió siendo su amigo y consejero de la más absoluta confianza durante 25 años, hasta el mismo día del 23-F. Actualmente, no se puede consultar su biografía oficial en el portal de la Real Academia de Historia, porque se indica que "está siendo actualizada". Según el historiador Roberto Muñoz Bolaños (autor de El 23-F y los otros golpes de Estado), en esa fecha "Armada fue autorizado por Juan Carlos I para proponerse como presidente del Gobierno ante los diputados
ESTA ES LA HISTORIA DE JUAN CARLOS, NOMBRADO POR EL DICTADOR, JURO LOS PRINCIPIOS DEL 18 DE JULIO, NUNCA HA JURADO LA CONSTITUCIÓN, LA FISCALIA LE HA IMPUTADO VARIOS CASOS POR DEFRAUDACIÓN FISCAL QUE HAN SIDO SOBRESEIDOS POR LA INTERPRETACIÓN DE SU INMUNIDAD.


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