EL FRANQUISMO SE REJUVENECE Y CELEBRA SUS ASESINATOS.
Sa Feixina, el monumento franquista recién blindado por el PP que honra a los autores de la masacre de 'La Desbandá'
Paco Ferrer, víctima: “No quiero morir sin ver su desaparición”
Una de las víctimas que sobrevivieron a los bombardeos del Crucero Baleares fue Paco Ferrer, quien a lo largo de toda su vida luchó para que el monumento de sa Feixina fuese derruido. La masacre sufrida en La Desbandá fue para él una experiencia traumática que nunca pudo olvidar. Tenía siete años cuando atravesó la “carretera de la muerte” y las fuerzas franquistas perpetraron su ataque contra miles de civiles que huían de Málaga a Almería. En una entrevista en Diari de Balears, contó que llegó a Mallorca en los años sesenta para incorporarse en el sector de la hostelería, y que, cuando un día pasó junto al monolito, se le “revolvió el estómago” al ver a quiénes estaba dedicado y nunca más volvió a pasar por la zona.
En otra conversación con Memòria de Mallorca, manifestó: “Es un monumento franquista, un monumento fascista; arriba del todo tiene un faro, y yo digo que ese es el ojo del Gran Hermano que nos vigila y nos dice: ¡No os mováis que todavía estamos aquí!”. Durante su intervención en uno de los plenos del Ayuntamiento de Palma en el que se debatía sobre el mantenimiento o derribo del monolito, Ferrer pidió el turno de palabra y espetó ante los allí presentes: “No quiero morirme sin haber visto su desaparición”. Falleció en marzo de 2017, pero el monumento continúa en pie.
Paco Ferrer, víctima: “No quiero morir sin ver su desaparición”
Una de las víctimas que sobrevivieron a los bombardeos del Crucero Baleares fue Paco Ferrer, quien a lo largo de toda su vida luchó para que el monumento de sa Feixina fuese derruido. La masacre sufrida en La Desbandá fue para él una experiencia traumática que nunca pudo olvidar. Tenía siete años cuando atravesó la “carretera de la muerte” y las fuerzas franquistas perpetraron su ataque contra miles de civiles que huían de Málaga a Almería. En una entrevista en Diari de Balears, contó que llegó a Mallorca en los años sesenta para incorporarse en el sector de la hostelería, y que, cuando un día pasó junto al monolito, se le “revolvió el estómago” al ver a quiénes estaba dedicado y nunca más volvió a pasar por la zona.
En otra conversación con Memòria de Mallorca, manifestó: “Es un monumento franquista, un monumento fascista; arriba del todo tiene un faro, y yo digo que ese es el ojo del Gran Hermano que nos vigila y nos dice: ¡No os mováis que todavía estamos aquí!”. Durante su intervención en uno de los plenos del Ayuntamiento de Palma en el que se debatía sobre el mantenimiento o derribo del monolito, Ferrer pidió el turno de palabra y espetó ante los allí presentes: “No quiero morirme sin haber visto su desaparición”. Falleció en marzo de 2017, pero el monumento continúa en pie.
Decenas de miles de personas huyeron de los ataques franquistas por la carretera Málaga-Almería en lo que se conoce como 'La Desbandá'

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