“Reconciliación” con impunidad: todas las pruebas contra Juan Carlos I que no sirven para que se arrepienta
En esa cuenta en Suiza de la fundación Lucum Juan Carlos I recibió 100 millones de dólares procedentes de Arabia Saudí. En contra de la tesis inicial, concluyó la Fiscalía, no se trataba de una comisión por las obras del AVE a La Meca que realizó la empresa española Renfe, sino de “un regalo según la tradición saudí de cara a otras monarquías”, rezaba el escrito fiscal.
En Reconciliación trasciende por primera vez la versión de Juan Carlos I, quien al no resultar imputado ni siquiera tuvo que prestarla ante un juez. Cuenta el monarca que él estaba de visita en Riad en 2009 cuando transitando en coche “por una de esas autopistas anchas y medio vacías” se percató de “una gran carpa con el logo de Siemens y con imágenes de trenes”. Preguntó entonces a un miembro de la familia real saudí, quien le informó de los planes de llevar un tren de alta velocidad a La Meca y mejorar así el flujo de peregrinos. “Pensé inmediatamente en posicionar a España para el proyecto. Ensalcé las virtudes de Talgo y de nuestros trenes de alta velocidad que conectan Madrid con Sevilla y Barcelona”, cuenta el rey emérito.
A continuación, explica Juan Carlos I, llamó al director de Talgo, que le envió abundante documentación por correo electrónico difícil de descargar. “El jefe de Seguridad que me acompañaba (…) pasó la noche descargándolos para imprimirlos”, añade. En una cena con el rey Abdallah, Juan Carlos insistió en las virtudes de los trenes españoles. Con el tiempo, Renfe se haría con el proyecto.
El ingreso de 100 millones de dólares en la cuenta en Suiza del rey Juan Carlos, jamás declarados a la Hacienda española, se produjo en el verano de 2008, antes del episodio que cuenta el emérito. La Fiscalía resolvió que los delitos fiscales consecuencia de haberle hurtado a Hacienda ese ingreso estaban prescritos. Además, no pudo encontrar “vinculación alguna entre el referido ingreso y la adjudicación del proyecto de construcción de la línea de ferrocarril”. En el caso de que hubiera sido un cohecho, aclaraba la Fiscalía, el rey estaba cubierto por la inviolabilidad tanto en sus actos públicos como privados.

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