domingo, 23 de marzo de 2025

FRANCISCO PAPA EL DICE A CERCAS ESCRITOR...

 

EL PAPA FRANCISCO LE DICE A CERCAS...

Con el séquito del papa Francisco para tratar de saber lo único que entonces le importaba a su madre saber: si tras su muerte vería o no vería a su marido, si viviría con él la vida eterna.

Dicho más francamente: Cercas quiso preguntarle a Francisco sobre la resurrección de la carne y la vida eterna, es decir, sobre la esencia de la fe católica, y vislumbró en el viaje cuántos Bergoglio han llegado a convivir dentro del papa Francisco.

¿De verdad te contestó eso el Papa? “Claro”, responde. ¿De verdad ocurrió lo que cuentas al final del libro? “Claro”, vuelve a responder. “¿Tan raro te parece?” Raro no, alucinante.

Fíjate: este hombre ha seguido viviendo en el Vaticano como vivió siempre, con austeridad, sin el boato papal, sin engreimiento, sin subirse a la parra… Y, sin embargo, sus más viejos conocidos argentinos recuerdan a otro Bergoglio subido a la parra de la soberbia, con tics autoritarios y hasta una presunta tolerancia hacia una de las peores dictaduras de América Latina, la junta militar argentina, 


 Francisco no ha sido capaz de imponer sus criterios más progresistas —sobre el celibato, sobre el matrimonio homosexual, sobre las mujeres en el sacerdocio y la misoginia esencial de la Iglesia católica—, o no ha considerado prudente hacerlo; de lo contrario, hubiera desobedecido un mandato central de su papado: aquel que le urge a escuchar a su Iglesia y a decidir en función de lo que sus fieles y sus obispos y cardenales quieren —lo llaman nada menos que sinodalidad en el Vaticano—, como lo haría cualquier demócrata básico, aunque sin serlo, porque él es el Papa y la Iglesia ignora la democracia liberal y sus procedimientos. Y no lo calla Cercas porque Cercas no se calla nada, ni siquiera su estupefacción reiterada cuando alguno de sus interlocutores asegura que lo que el Papa pretende es nada menos que discernir literalmente “la verdad de Dios”, Virgen Santísima y madre del amor hermoso.


 Con cardenales como monseñor Fernández, prefecto de la Doctrina de la Fe —es decir, el antiguo Santo Oficio, es decir, la antigua Inquisición—Esa inquisicoón por la que tuvo que pedrir perdon Juan Pablo II, pero no pidio perdón por aterrorizar las conciencias.


La cosa está clara el que quiera creer que crea, pero nunca por el terror del infierno y su eternidad, por eso yo no creo nada de nada.


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