lunes, 23 de febrero de 2026

HACE 45 AÑOS: LA INCOGNITA DEL REY EN EL GOLPE

 

EL REY A LA UNA TREINTA DE LA MADRUGADA.

23F: el imprudente “rey salvador”

Entre esa documentación figura el télex que el rey Juan Carlos I envió al teniente general Milans del Bosch a las 2:30 de la madrugada para poner fin al movimiento golpista a esa hora de la noche. El texto dice así:

“Confirmando conversación telefónica que acabamos de tener, te hago saber con toda claridad lo siguiente: 1.-Afirmo mi rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás”.

La opinión que del monarca tenían los presidentes del Gobierno, eran claras y explícitas. El franquista Carlos Arias Navarro, que lo acompañó en sus primeros meses de reinado, no se recataba en decir que lo mejor era no someterle nada a su consideración, pues, a su juicio, Juan Carlos carecía de criterio: «Es como un niño pequeño. No dice más que tonterías». Adolfo Suárez pretendió desde un primer momento encauzar las principales decisiones políticas, encubriendo los líos que el rey ocasionaba. Sus colaboradores más cercanos le aconsejaban «que callase ciertas decisiones ante don Juan Carlos, porque en caso contrario le obligaba a dar una respuesta que quizás no convenía al sistema democrático». José María Aznar lo pasó muy mal con él. El presidente que más lo amparó fue Felipe González. 

Las «imprudencias» han sido una constante a lo largo del reinado de Juan Carlos I. ¿Cómo si no podemos entender que en la etapa más delicada de la Transición bordoneara con unos y otros cuando el país estaba al borde de un golpe militar? La reina Sofía le diría años después, a la periodista Pilar Urbano, que lo del rey con los militares fue «un juego voluntariamente ambiguo» y que «les había hecho creer que estaba con ellos». No parece la mejor explicación para exculpar la actitud del jefe del Estado en aquellos momentos. 

Una buena parte de la Transición, con sus evidentes vaivenes políticos, tuvo que llevarse a cabo «protegiendo» al rey, incluso de sí mismo. Eso es lo que contaban aquellos que más cerca habían estado del monarca: los generales Alfonso Armada y Sabino Fernández Campo, las dos personas que el 23F desempeñaron papeles antagónicos (y, en determinados momentos del día, complementarios) para proteger al soberano. Aun y cuando cada uno de ellos lo interpretara a su manera. Historiadores, periodistas y escritores como Javier Cercas, no tienen reparo en decir que «el Rey se comportó de forma como mínimo imprudente» y que «su imprudencia dio alas a los partidarios del golpe».

Es cierto lo que mantiene la versión oficial al afirmar que el rey nos salvó del golpe militar. Que, si él hubiera querido, hubiera triunfado. Sin embargo, no falta quien opina que también es cierto lo contrario: si el rey no hubiera conspirado contra el presidente del Gobierno; si no hubiera expresado una y otra vez ante civiles y militares, su deseo de deshacerse de Adolfo Suárez; si no hubiera apoyado una solución difícilmente constitucional, como era la llamada «Operación Armada», el golpe de Tejero, muy probablemente, no se hubiera producido. El rey nos salvó de un golpe que él, imprudentemente, pudo haber alimentado. Esto es lo que entonces escribió Francisco Umbral: «Él nos ha salvado, él ha salvado la democracia, él se ha salvado a sí mismo».

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