A jugar: ¡intercámbiense las togas con los tricornios!
Romper el cerco, con tanto grito ululante, será difícil, mucho, pero no es imposible, sobre todo si se prescinde para lograrlo de esas espías que hemos visto en los papeles de la UCO, la todopoderosa UCO, esa sección de la guardia civil que intuye sin pruebas pero que el mundo togado y de la fiel infantería se pone de hinojos ante sus pies. Quedan meses para intentarlo.
Por lo pronto, habrá que despejar el panorama judicial, todo organizado milimétricamente para que al final algún juez -¿Santiago Pedraz?- acabe citando a Pedro Sánchez. La obsesión de la derecha, babeando de solo pensarlo. Luchar contra la plaga feroz es sencillo decirlo, claro. Pero aún no hemos visto esfuerzos firmes para reunir a todas las togas decentes, ha de haberlas a centenares, el Ojo no tiene la menor duda, decididas a plantar cara a la carcundia de sus iguales. Esa batalla sí merece la pena darla. Y concentrar de la misma manera a las mentes jurídicas progresistas que todos leemos a diario para que formen un comando de acción a cara descubierta. No puede ser tan difícil intentar que den la batalla, tanto en los tribunales como ante la opinión pública. A lo concreto. Ningún humano de a pie sabemos la calidad profesional del equipo jurídico que ha defendido al hermano de Pedro Sánchez. Lo sabrán quienes los han contratado. Pero si Ignacio Escolar en elDiario.es, o Jordi Nieva Fenoll en El País han conseguido destrozar a las acusaciones y a ese gran civilón que es el teniente coronel Balas, otra vez la UCO, ¿qué ha impedido que durante las semanas previas al juicio, los días de la vista e incluso en días posteriores, se haya inundado con esos razonamientos por quien correspondiera, hay medios, hay partido, todos los pueblos y plazas del país? Cualquier experto en comunicación sabe cómo hacerlo. O sea, hay ignorancia y pasividad. Fea jugada la del PP, por cierto, añadiendo un delito al final y aún más sorprendente la decisión de la Sala de no dejar defenderse a David Sánchez. Cierto, hay una justicia ciega.
Adenda. Israel ha ganado el control de cerca de 1.000 kilómetros cuadrados en Líbano, Siria y Gaza desde 2023. Hacía más de cuarenta años –en 1982- que no controlaba tanto territorio. El mismo domingo pasado, después de que Trump le dijera que no lo hiciera –o esa milonga nos vendieron- Netanyahu bombardeó Beirut. Más destrucción, más muerte allá donde el mandatario israelí y sus secuaces ponen el ojo de halcón. En absoluta impunidad. Asesinan, destruyen y ocupan lo que les viene en gana. ¡Qué pena ver a un político decente como António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, escondido en su cueva de Nueva York, consciente de que su enorme organismo, 193 países, 37.000 empleados, no sirve absolutamente para nada! ¿Tampoco la Unión Europea tiene nada que decir? ¿Seguirán cientos de países comerciando con Israel como si fuera un Estado decente, olvidando los miles de niños que masacra su ejército de fanáticos salvajes?
EN ESAS ESTAMOS

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