La “violencia policial” en el desalojo de la acampada de Sol, según los detenidos: “Un policía vino y me pateó los huevos”
Aunque oficialmente se ha anunciado un desalojo con apenas incidentes, en el que han participado 220 efectivos de la Policía Nacional y otros 180 de la Municipal, bomberos o servicios sociales, los desacampados denuncian un “desalojo violento” y “excesos de violencia policial”. Son los calificativos que repiten muchos de los presentes, reunidos horas después en otro lugar para ultimar detalles de una nueva marcha hasta Sol. Había sido convocada de urgencia y movida por las distintas entidades u organizaciones ciudadanas que mantenían la acampada, con más de un mes de trayectoria y una ciudad a pequeña escala creada en protesta, primero, por el mercado del alquiler, y luego por otras causas sobre las que horas antes se había leído un comunicado en mitad de la plaza.
En él analizaban lo logrado, marcaban nuevos pasos a seguir y dejaban entrever su intención de, poco a poco, irse retirando de Sol para continuar desde otras vías. Pero la irrupción policial, de la que aseguran no haber recibido aviso ni orden judicial a la vista, cambió sus planes. “Dijeron que tenían una autorización oficial, pero todos la hemos pedido y que nos conste ninguno ha podido verla”, rememora Diana, otra de las afectadas esa noche que aún seguía pendiente de volver a Sol.
“A nosotras nos sacaron a las 3.45 y estuvimos retenidas hasta las 4.30 de la mañana, con los antidisturbios entrando y echándolos a todos”, añade, asegurando que a la mayoría de ellos les han confiscado teléfonos móviles, documentación identificativa, papeles de trabajo en el caso de los migrantes, medicamentos para trastornos del espectro autista, la diabetes o contra los ataques de asma, así como enseres de gente sin hogar que “ha perdido todo lo que tenían”. Es lo que detalla Pepe, uno de ellos, que aparenta entre 40 y 50 años. Vino de Toledo y vivía en la calle hasta que oyó hablar de la acampada de Sol, donde decidió plantar su tienda en busca de “un lugar más seguro y con gente” donde pasar la noche.
Insiste en que los agentes accedieron “con cuchillos de doble hoja para cortar las vallas” y “gas pimienta con el que rociaban a todo el que estaba allí”. Otra de sus acompañantes (se identifica como Miriam) muestra uno de los vídeos de aquella noche. En él aparece una joven que acampaba en Sol y corrobora las imágenes a preguntas de Somos Madrid. “¡Por favor, el Samur, que no puedo más! ¡No puedo más!”, grita entre llantos y en plena noche. Al fondo se ve un cordón policial mientras los gritos de la joven se solapan con otra voz, aparentemente la de la persona que graba: “Por favor, ¡solo necesita un inhalador! ¡No es nada raro!”.
Miriam sostiene que a la chica le estaba dando un ataque de asma ante la inacción de los agentes, y estos “impedían el paso hasta la ambulancia de Samur [los servicios sociales madrileños]”, algo que corrobora ella misma, prefiriendo mantener su nombre en el anonimato. Delegación del Gobierno asegura, sin embargo, que el desalojo de Sol se produjo sin alteraciones violentas del orden público, bajo los principios de “oportunidad, congruencia y proporcionalidad”.
LE REPITO SRA DELEGADA DEL GOBIERNO, ESAS ACTUACIONES SON CRIMINALES Y USTED LAS TOLERA Y APLAUDE, ES IGUAL DE CRIMINAL Y COLABORADORA EN LA COMISIÓN DE LOS DELITOS.
El testimonio de estos dos jóvenes señala directamente actos de “violencia policial” que, a su juicio, fue “arbitraria y excesiva”. A Alejandro por ejemplo lo “acorralaron mientras se echaba un cante”; es decir, lanzando a viva voz consignas contra las actuaciones. “Entonces fue cuando empezaron a enzarzarse [los agentes] con los demás, y a mi me cogieron y me sacaron en el aire cogido por las extremidades. Ellos lo vieron, ¿a que sí?”, pregunta al volverse ante Ayla, Sufi o Alberto, que escuchan la conversación durante la nueva marcha hasta Sol, citada a las 19.00 horas de este martes.
Los tres asienten y piden que cuente lo que vino después. “Cuando me dejaron en la calle, otro guardia vino directo hacia mi y me dio una patada en los huevos. Sufi también estaba allí”, narra el joven. Ambos fueron detenidos y dicen no tener móvil, ni “esperanzas” de conservar los objetos que guardaban en el campamento y ahora habían ido a parar a algún depósito del Ayuntamiento; ironizan con el de Valdemingómez [el vertedero municipal].
Los detenidos recuerdan que unos instantes más tarde esos mismos policías le esposaron junto al kilómetro cero, frente a la Real Casa de Correos, dejándole leves marcas en la muñeca. Los testigos consultados por este períodico, al menos una decena, coinciden al mencionar golpes e incluso “palizas”, cuchillos para forzar la entrada, la falta de tiempo para recoger sus cosas o lo abrupto del desalojo: “Nos dijeron que en 40 minutos todo debía estar fuera”.
LE REPITO, ESTOS POLICIAS SON CRIINALES SADICOS ENCHULADOS, ¿A USTED NO LE DA VERGÜENZA?

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