“Jamás ha habido tanta crueldad en invasión alguna de griegos y bárbaros”
Lo que los tres últimos Papas han admitido –la conquista de América aplastó los derechos de los indígenas– continúa siendo anatema para la derecha española, que se ha visto sorprendida por las últimas palabras de Felipe VI
- MATANZA DE CHOLULA POR HERNAN CORTÉS EN 1519. SIGLO XVI FEIJÓO
- Felipe VI explicó que las leyes promulgadas por los reyes para regular el tratamiento de la población indígena no se cumplían “y hay mucho abuso” sin negar que hubo “controversias morales y éticas en cuanto a cómo se ejerce el poder desde el primer día”. Escasamente se puede definir como una declaración espectacular, pero al menos toca un tema que no suele aparecer en sus discursos.
- Al cuestionar la imagen idílica de lo que algunos definen como una gran misión civilizadora, Kamen destaca que la prioridad de muchos españoles de entonces era escapar de la pobreza y conseguir el dinero suficiente para volver a España en mejores condiciones. No era un triunfo fácil. Escribe que Cervantes se refiere a América en una novela como “refugio y amparo de los desesperados de España, engaño común de muchos y remedio particular de pocos”.
- No ya de matanza de aborígenes, es que se matan entre españoles”.
En relación a la figura de De las Casas, Menéndez Pidal acabó tachando al fraile de loco y judío. La realidad es que otros contemporáneos hicieron un relato similar. El jesuita José de Acosta estaba escandalizado por la conducta de los españoles: “Jamás ha habido tanta crueldad en invasión alguna de griegos y bárbaros. No son hechos desconocidos o exagerados por los historiadores”. Felipe II concedió varias audiencias a Acosta, la primera en 1588, para escuchar su testimonio sobre lo que había visto.
Fray Luis de León denunció en un discurso en Salamanca en 1579 que los colonos “estaban cometiendo grandes asesinatos y exterminando pueblos y hasta razas enteras”.
El propio Hernán Cortés, responsable de la matanza de Cholula, se arrepintió de lo que vio en el asalto posterior a Tenochtitlán: “Andaban con nosotros nuestros amigos (sus aliados de otros pueblos indígenas) a espada y rodela, y era tanta la mortandad que en ellos se hizo por la mar y por la tierra, que en aquel día se mataron y prendieron más de cuarenta mil ánimas; y era tanta la grita y lloro de los niños y mujeres, que no había persona a quien no quebrantase el corazón”.
A las matanzas iniciales sucedió la colonización. El sistema de las encomiendas dejó reducidos a los indígenas que trabajaban en minas y cultivos a una condición de semiesclavitud. Kamen anota “el tono progresista” de las leyes de Felipe II sobre el tratamiento de la población local –lo mismo se podría decir de su padre–, pero recuerda que toda esa legislación tuvo “pocas consecuencias en la práctica”.
El terror y la crueldad habían sido elementos esenciales de la expansión imperial. En primer lugar, para hacerse con el control de esos territorios y riquezas y después para evitar que se produjeran rebeliones y, si ocurrían, para sofocarlas sin piedad. “Lo que llamaban pacificar era gobernar y asolar y matar o destruir la tierra”, escribió Gonzalo Fernández de Oviedo sobre lo que ocurrió en la zona de Panamá y el Caribe.
“La codicia es el gran motor de la llamada conquista”, dice Antonio Espino. Eso es lo que hace que muchos españoles asuman grandes riesgos para desplazarse a América y se enfrenten a la amenaza de las enfermedades y el clima, todo ello con el gran objetivo de conseguir una fortuna. “Luego esa codicia se camufla de ideología cristiana, civilización y libertad. Pero lo que está en la base es la codicia y el deseo de enriquecerse”, dice Espino.
El punto más anacrónico lo aportó Isabel Díaz Ayuso y su frase “llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden”. Su uso de la primera personal del plural es llamativo y además ignora el mensaje de sucesivos pontífices.
AYUSO ES IGNORANTE Y GILIPOLLAS


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