FEIJÓO EMULA ATRUMP EN CHULERIA MACARRA.
Feijóo y su lección de grosería
No se recuerda en el Congreso una exhibición de zafiedad, arrogancia y chulería como con la que el líder del PP ha despachado su comparecencia ante la comisión de investigación de la dana: llama cobardes a los diputados, se mofa de la presidenta y lanza veladas amenazas a los interpelantes como si estuviera en una taberna
El tono, las no respuestas, los gestos, el lenguaje… Todo fue arrogancia, altivez y chulería. Alberto Núñez Feijóo fue a la comisión de investigación del Congreso sobre la dana no a responder sino a preguntar. No voluntariamente, sino porque lo obliga la ley. No a aclarar sino a confundir. No a hablar de las inundaciones que se cobraron la vida de 237 personas en Valencia, sino del accidente de tren en Adamuz, de Bildu, de ETA. No a reconocer la responsabilidad de Mazón, sino a exigir la de varios ministros e incluso la del presidente del Gobierno. No a dar una lección de educación y respeto institucional, sino a dar una clase magistral de grosería.
El líder del PP mostró su verdadero rostro, el que quienes lo conocen bien aseguran que exhibió durante sus años de presidente de la Xunta de Galicia. Todo un ejercicio de soberbia combinado con un desprecio absoluto hacia los diputados que le interpelaron, a quienes llegó a tildar de pusilánimes por ser “tan valientes con un presidente dimitido y tan cobardes con un presidente en ejercicio”. Insultó uno tras otro a todos los parlamentarios, se mofó de la presidenta de la comisión y lanzó veladas amenazas contra sus interpelantes como si estuviera en una taberna. Todo ello a gritos, con interrupciones constantes, un continuo alarde de altanería y un sinfín de mentiras fácilmente constatables con los autos de la jueza de Catarroja.
El falso moderado hizo de su comparecencia una ristra de ataques contra todos con la que trató de proyectar una imagen de grandeza muy propia de quienes carecen de la admiración ajena y sobreestiman sus capacidades. En psicología se llama síndrome de Hubris y se asocia a personas con un ego desmedido, un continuo desprecio por las opiniones que no son las suyas y una incapacidad manifiesta para reconocer su ineptitud.
El aspirante a presidir el Gobierno de este país, que repitió media docena de veces que lleva 30 años en política porque la gente confía en él, convirtió en un lodazal una sesión en la que hasta ahora nadie había mostrado un comportamiento más innoble ni desviado del asunto que se investiga a otros que nada tienen que ver con el objeto de la comisión, entre ellos el comodín de ETA.
Lo hizo cuando el diputado EH Bildu Oskar Matute le preguntó sobre la dimisión de Mazón y Feijóo contestó que “siendo un diputado de EH Bildu y después de 800 muertos”, debería explicar si tenía datos para esclarecer algún crimen de ETA. Matute le tuvo que recordar que ni tiene ni ha tenido nunca antecedentes penales y, a gritos, el líder del PP se arrancó a preguntarle por Otegi.
Salvo el diputado del Vox, Ignacio Gil Lázaro, que se dedicó a hacer una crítica implacable contra Pedro Sánchez, y no solo por la Dana, no habrá quien se atreva esta vez a defender que el aspirante Feijóo ha estado a la altura, no ya de quien aspira a gobernar este país, sino de cualquiera que se dedique a la actividad pública y tenga unos mínimos de decencia y contención. O sí. Siempre habrá palmeros dispuestos a ello.
LA CHULERIA TRUMPISTA AYUSISTA ES EL EJEMPLO FEIJÓO


